Por Rayze Ostolaza Oquendo

Eran las 10:37 de la mañana cuando me percaté de que a mi cuerpo lo rodeaban miles más. Bastó con una vuelta de 360 grados para anonadarme con la presencia de tantos conglomerada en un mismo espacio.  Frente al portón principal de la Universidad de Puerto Rico convergían no solo estudiantes, si no también, profesorxs, madres, padres, abuelos y abuelas. La atmósfera parecía esperar preparada para el aviso de lucha. Unidos en vilo. Esperando por la señal.

Vi caras conocidas. Amigos teatreros. El emblemático símbolo de artistas decora sus caras: una nariz de payaso color roja. Esta vez, la acompañan los labios blancos. El payaso vagabundo sale a exhibir sus pinceladas de marginación social. Me uní a ellos. Me regalaron una nariz.

“¿Estamos listos para luchar?” se oía desde la tumba cocos. El bullicio afirmó a la pregunta y comenzamos a marchar. En mi reloj marcan las 10:51 a.m.

 “Un país sin educación es un país esclavo” leo en la camisa de una compañera. Las consignas se hacen sonar. Una alegría inexplicable las acompaña. El aire de libertad y revolución se respiraba en cada paso y en cada asomo de rostros en complicidad desde los balcones. Las banderas de Puerto Rico eran el contorno del cielo y ondeaban al son del viento. “Esto es perfecto” repetía en mi mente. La gente no tenía miedo a gritar, a incitar a los enajenados a unirse a la marcha. Por primera vez en mi vida había perdido todo pudor frente a la sociedad – y eso es mucho decir.

La avenida nos dividía y desde donde estaba, se podía ver el grupo inmenso que nos acompañaba paralelo. Mirando hacia la izquierda enfoqué cuatro ambientalistas. Su ropa, llena de hojas naturales como ornamentos, resaltaban en el blanco y negro de la urbe. Una de ellas llevaba como sombrilla una hoja gigante. Llegué al final. Las calles se encontraron y las camisas anaranjadas del grupo de obreros se mezclaban en la multitud. Éramos uno. Un solo ente. Un movimiento en masa.

 A las 12:53 una pancarta que lee “Artistas por la UPR, juntando todas las manos” colgada de las manos de Yamaris Latorre y Modesto Lacen, entre otros, pasa por al frente. Me pareció pertinente retratarla, por eso de documentar “¿Dónde están los artistas cuando los necesitamos?”.

Minutos antes me encontré a un amigo. Estaba encapuchado. Me dijo: “hoy vine a portarme mal”, me dio risa. Pensé que estaba vacilando y que eso de taparse la cara, en tiempos como estos en los que todo se hace a medias, era una simple modalidad. Luego comencé a avistar un lenguaje de protesta diferente. La pintura de aerosol bloqueaba la visibilidad del logo de Burger King y las palabras hacían juego con las paredes de CVS. Ciertamente me emocioné. Los vi y no juzgué. Comprendí que así también se hacía lucha. Es la manera literal de expresar el enojo de un pueblo.

 La multitud era infinita. Si mirabas hacia atrás tratando de encontrar un final, te enfrentarías a lo sublime del colectivo. Masivo y aterrador. Por un momento, el aire me llegó a faltar, pero los pies se movían solos. Frente a la tarima en donde artistas como Residente llevaron a cabo su discurso, había una línea de guardias que bloqueaban el paso. “No caigan a la provocación, esto es una manifestación pacífica. Están provocando” la voz de una mujer nos alertaba. Ya había empujones de parte y parte. El pueblo se dividía en dos. Eran más los manifestantes.

 Ya habían roto los cristales del Banco Popular cuando “Spiderman” alzó la bandera de Puerto Rico encima de un “billboard” que anunciaba al lado de la parada de guaguas. El hombre araña cargando la bandera de nuestro país con un roto en los vidrios del establecimiento que le servía de fondo, me parecía una imagen poética y poderosa.

 En la Ponce de León había más policías. Con el semblante gélido y sin expresión parecía que no coexistían con nosotros. Un señor les hablaba de un hermano que tiene en la cárcel, una artista vestida de novia le cantaba el himno revolucionario a cada uno. Ninguno la miraba a los ojos. “Tu intención siempre fue prostituir a la novia” retrata un cartel que la escolta. Los policías parecen robots. El flash de las cámaras no les molesta. Tampoco los perturba el reclamo intenso de los que le dan la cara.

 A las 1:45 p.m. recibo un texto de mi hermana: “¿Estas bien? Están tirando cosas”. Mi ansiedad apareció. Me temblaban las piernas por la adrenalina. Aun así, entendí que esa no era mi lucha. No tenía la valentía para soportar las consecuencias. Pero comprendí que necesitaban respaldo, aunque fuera en palabras. Vi a la gente correr desde el tren urbano. “¿Así es la revolución?”, más tarde me contesté: este es el inicio de una revolución. Anhelé correr con ellos.

 En un santiamén la prensa comenzó a reseñar lo ocurrido, pero desde una sola perspectiva. Repetían una y otra vez en las noticias la imagen de un hombre tratando de romper un vidrio. Todos los policías miraban, no hicieron nada, estoy confundida (quisiera insertar aquí el “emoji” de la carita confundida porque es exactamente mi reacción).

 Comimos en una pizzería local en donde el gerente hablaba de solidarizarse con el paro mientras veíamos el mensaje del gobernador en un plasma. Trasmití en vivo el mensaje del gobernador para todos mis amigos “facebuckeanos” que no podrían verlo. Esto había que documentarlo. Un discurso que parecía más libreto que reacciones post-paro. Ya no va a permitir más el desorden, ya no va a permitir más las “faltas de respeto” al país. Pues yo digo que, a mayor distancia de la justicia, mayor desobediencia civil.

 Dieron las seis de la tarde y no quería ir a casa. Había rumores de que la policía irrumpiría en la universidad. Sentí que debía apoyar así que fui a Río Piedras. Cuando entramos Los estudiantes del portón principal nos miraban (a mí y a mis compañeros) con caras dudosas. Uno de ellos le preguntó a un amigo qué llevaba en el vaso. Era café y era entendible la paranoia. Divagamos por los pasillos un rato. Daba los pasos dándome cuenta del contraste entre las casetas en el verde de la grama y los grafitis de expresión en diversas paredes.

 A esta hora es que las aves de la IUPI se unen para volar en bandada y cantar al unísono. Suena por todo Río Piedras.

-¿Qué piensas sobre los encapuchados que vandalizaron.

-Pienso que la huelga es un concierto y cada cual se expresa a su manera. Eso es un lenguaje. Ellos hablaron y se hicieron escuchar.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s